Revista nº 16

Apresentação

Crise econômica e revolução social na América do Sul
José Martins

Crisis, partidos políticos y sindicatos en Argentina
Gabriel Ariel Ogando

Las asambleas y el movimiento social
Cristina Feijóo y Lucio Salas Oroño

Colombia: ¿nuevo escenario de la guerra global?
Pablo Estefanoni y Valeria Wainer

La triste realidad de un país dolarizado
Alberto Acosta

El proceso venezolano
Jorge Arreaza Montserrat

Venezuela: ¿un nuevo comienzo?
Aníbal Quijano

El fujimorismo del gobierno Toledo
Aníbal Quijano

Palavras de Saramago e Petras
James Petras

As pedras de Davi mudaram de mãos
José Arbex Jr.

Questão judaica, questão social
José Pérez

Jurisconsultos do Império e escravidão na arena jurídica
Ênio José da Costa Brito

Pérolas
Alex Moreira Carvalho

Mario Lago
Rosangela Borges

 
DEBATE
O obscurantismo neoliberal contra a nossa América

Alberto Acosta
La triste realidad de un país dolarizado
Ecuador, el país más pequeño de la región andina y con una población de 12 millones de habitantes, concluyó el siglo 20 con una crisis sin precedentes. Y empezó el siglo 21 con la tasa más alta de crecimiento económico en América Latina. ¿Es éste un motivo de regocijo o de preocupación? Frente a esta pregunta nada mejor que el análisis de algunos datos, recordando que la dolarización fue presentada no sólo como la única alternativa existente, si no como la gran solución para resolver los males de la economía ecuatoriana...
Con la dolarización plena de su economía, el 9 de enero del 2000, Ecuador fue el primer país de América Latina que sacrificó oficialmente su moneda nacional e impuso una moneda extranjera como de curso legal completo.1 Se incorporó a la lista de 26 colonias o territorios que hasta entonces utilizaban una moneda extranjera en todo el mundo, 11 de ellos el dólar norteamericano. A esta lista habría que agregar a El Salvador y Timor Oriental desde el año 2001, en camino están Guatemala, Afganistán...
Para poder realizar una evaluación de los dos años de dolarización conviene recordar los ofrecimientos que justificaron el sacrificio de la moneda nacional, el sucre. El pequeño grupo de economistas y empresarios, aglutinados en el Foro Económico, que planteó como alternativa la dolarización, como Carlos Julio Emanuel, quien se encuentra al frente del Ministerio de Economía, ofrecía, entre otras maravillas, “una baja inmediata de las tasas de interés, de la inflación y la entrada de capitales foráneos, dando paso a la reactivación inmediata de los sectores productivos” (Diario El Universo, Guayaquil, 7.1.2000).
¿Cayó inmediatamente la inflación? No. En promedio anual, ésta pasó de 52% en 1999 a 97% en el 2000, antes de declinar lentamente a un 40% en el 2001; alcanzando en diciembre pasado recién un 22,5% ¡en dólares¡, la inflación más alta de América Latina, casi diez veces el nivel inflacionario de los EEUU. La posibilidad de lograr una inflación de un solo dígito en el presente año se aleja con la persistencia de tasas inflacionarias sobre el 1% mensual, con claros rasgos inerciales: hasta mayo la inflación acumulada está en 6,12%.

Ni la relativa calma conseguida por la ausencia de la devaluación se refleja en una sustantiva caída de las tasas de interés en dólares inflacionario, pues las pasas activas superan el 20% para la mayoría de actividades productivas y aún el 80% para compras a plazos en establecimientos comerciales privados. La diferencia entre las tasas pasivas y activas es de más de diez puntos, diferencial que bordea los quince puntos en comparación con las tasas internacionales. Tampoco ha bajado a niveles regionales el riesgo país: Argentina en mayo estaba en 5950 puntos básicos, Brasil pasó los 1000 (pánico que ejerce Lula). Ecuador llegó a 1250. Perú: 531. Chile: 134.
¿Se reactivó de inmediato el aparato productivo? Tampoco. Fue falsa la propaganda que aseguraba que la medida es tan poderosa que por sí sola comienza a hacer girar las ruedas de la reactivación económica. En el 2000, luego del bajón de 1999, la economía apenas frenó su caída. Y recién convalece en el 2001 con un 5,4%, sin que con esto el PIB recuperé todavía el nivel de 1998.
Los partidarios de la dolarización sugieren que esta recuperación es una prueba de la eficacia de esta decisión. Absurdo. Toda recesión finalmente termina, sobre todo si tiene recursos foráneos que ayudan a superarla. Con la dolarización, al igual que con la convertibilidad en la Argentina, el dilema es inexcusable: la economía funciona mientras entran capitales externos en abundancia o, en caso contrario, se tiene que ajustar por la vía de la recesión, pero esa no es por ahora la situación ecuatoriana...
Lo que interesa averiguar ahora es de dónde vienen los dólares para esta recuperación por lo demás desequilibrada.
En el 2001 la economía se apuntaló con las remesas de los emigrantes, con 1.430 millones de dólares (superiores a todas las inversiones petroleras y a las exportaciones sumadas de banano, camarón, café, cacao y atún, superiores en casi tres veces a la inversión social y en más de dos veces a la llamada ayuda para el desarrollo), y con el monto de recursos demandados por la construcción del nuevo oleoducto, así como con los ingresos generados por las ventas de petróleo en el mercado mundial hasta antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre, que provocaron una drástica caída del precio del crudo. Ya en el 2000 las remesas de los emigrantes por 1.360 millones de dólares, (superiores a los cuatro productos mencionados), habían salvado la dolarización, al igual que los altos precios del crudo, que deben haber producido ingresos cercanos a los 1.000 millones de dólares a los presupuestados en los dos años. Las remesas, por otro lado, han representado un 16% del consumo nacional en el 2000 y un 11% en el 2001.
En este lapso debe haber ingresado una cuantía importante de narcodólares y de dólares falsos, que han inundado la economía ecuatoriana; en estos dos casos sí alentados por la dolarización.
Ya casa adentro, el consumo también se ha nutrido del descongelamiento de los depósitos bancarios (El “corralito” ecuatoriano se gestó, con tecnología argentina – made in Fundación Mediterránea – en marzo de 1999 y todavía no ha sido totalmente desmantelado); medida que sirvió para proteger a la banca frente a una corrida generalizada. Muchos de los clientes de los bancos, atemorizados por el congelamiento de sus depósitos, ha preferido destinar los recursos que se van liberando paulatinamente al consumo de bienes o a la construcción; sector que ha experimentado un crecimiento importante, alentado también por una política de subsidio a la vivienda de sectores de clase media.
Este convalecimiento de la economía ecuatoriana ha venido acompañado con una reducción de los índices de desempleo y subempleo, pero no por efecto de un incremento de la actividad productiva que pudiera haber creado muchos nuevos puestos de trabajo, sino especialmente por la corriente indetenible de emigrantes. Recuérdese que más de 500 mil personas (más de un 10% de la Población Económicamente Activa – PEA), han huido del país desde 1999. Así, en la actualidad, a más del 50% de la población económicamente activa está en situaciones laborales precarias o desempleada: el subempleo afecta a casi un 35% de la PEA, el desempleo abierto a un 9% y más de un 10% se encuentra fuera del país...
Las condiciones salariales con la dolarización no han mejorado. El ingreso mínimo mensual de una familia de cuatro miembros (con 1,6 perceptores) con 221 dólares apenas cubre un 66% de la canasta básica familiar, que llegó a 333 dólares en mayo del 2002.
No sorprende, entonces, que en estas condiciones al inicio del 2002, más del 45% de la población adulta, según una encuesta de alcance nacional, ansíe fervientemente salir de este paraíso dolarizado...
En este punto aparecen claros síntomas de nuevos estrangulamientos externos. Las exportaciones no petroleras en el año 2000 cayeron en -16,3% y las exportaciones totales declinaron en -8% en el 2001, mientras que las importaciones crecieron en +61,8% en el 2000 y en +45% en el año pasado: las de bienes de consumo lo hicieron en un 73%. Con lo cual el Ecuador, preso en la trampa cambiaria, ya enfrentó en el 2001 un déficit comercial de casi 500 millones de dólares, mientras consolida cada vez más un modelo aperturista que fomenta las importaciones. Y las expectativas de un mayor déficit comercial se mantienen para el año 2002, con estimaciones que fluctúan entre 1.200 y 1.600 millones de dólares.
El déficit comercial preocupa aún más en una economía caracterizada por un déficit crónico de la balanza de servicios, provocado particularmente por la sangría de la deuda externa. Lo que dejaría al país con una cuenta corriente deficitaria, que podría alcanzar un valor cercano a los 1.600 millones de dólares en el año 2002, lo que representaría un salto descomunal comparado con los 400 millones de déficit del año anterior. Si esta tendencia se mantiene, la nueva crisis ya estaría programada.

En marcha hacia una
petrodolarización migratoria...

Hace dos años, en Ecuador, se ofreció resolver todos los problemas del país con la renuncia de la moneda nacional, y ahora, cuando no se ha podido ni abatir el azote inflacionario, se exige dar una respuesta a todas las tareas pendientes para que funcione la dolarización. Pero, sobretodo, en la desesperación por conseguir dólares se apuesta por una petrodolarización de su economía.
En este contexto, para avanzar, se ha vuelto la mirada al petróleo. Con el incremento de la producción y exportación de crudo se espera sostener la dolarización. La apuesta es reeditar otro auge petrolero como en la década de los setenta en el siglo 20, pero en un ambiente diverso. Por un lado el país ha sido ajustado y reajustado sostenidamente, con lo que su economía se encuentra muy debilitada y casi totalmente abierta, mientras que su mercado financiero se halla prácticamente liberalizado. Por otro lado, los potenciales ingresos petroleros serán muy inferiores a los de los años setenta para la sociedad en su conjunto, en tanto los contratos hidrocarburíferos existentes no dejarán ingresos importantes para el país, pues en el mejor de los casos la participación estatal en la renta petrolera será de un 18% (En los años setenta la sociedad ecuatoriana percibía más de un 85% de dicha renta). Además, ya ahora varias empresas petroleras no pagan el impuesto a la renta porque declaran pérdidas, no cancelan el impuesto al valor agregado, ni las glosas al Estado y hasta consiguen tarifas arancelarias preferenciales para sus importaciones.
Por otro lado, los ingresos estimados por las inversiones del nuevo oleoducto, que públicamente se fijaron en más de 1.100 millones de dólares, bordean, en realidad, unos 850 millones. Además, los ingresos esperados no auguran el milagro anticipado, pues, en el caso de que el precio del crudo pesado bordee los 20 dólares, el país apenas recibiría unos 400 millones de dólares al año, de los cuales el 70% se destinará – por ley, gracias a las presiones del FMI – a la recompra de la deuda externa.
Por lo tanto, si se mira más allá del espejismo consumista inicial que podría vivirse con los nuevos ingresos petroleros, Ecuador seguirá dependiendo de las fluctuaciones de los precios de varios productos primarios en el mercado internacional. Una entrada significativa de capitales tenderá a aumentar el crédito y la demanda internos, alentando la actividad económica e incrementando los pasivos externos; en cambio, ante un déficit de cuenta corriente o una salida de capitales, la defensa de la dolarización conllevará la subida de las tasas de interés y la consecuente disminución de la actividad económica.
La pérdida de competitividad relativa de las exportaciones, alentada por la rigidez cambiaria, resulta preocupante en un mundo imperfectamente competitivo, dominado todavía por tasas de cambio variables. Algo angustioso en una economía que tiene uno de los niveles más bajos de competitividad: el Ecuador sigue al final de la tabla de la competitividad actual, en el puesto 68 entre 75 países que son estudiados en el Global Competitiveness Report 2001-2002. Ante cualquier variación de las cotizaciones de uno de sus principales socios comerciales, Colombia o Perú, por ejemplo, el impacto ya no será vía precios, por efectos de la devaluación defensiva, sino vía cantidades menores salarios, más desempleo, menor utilización de la capacidad instalada o aún una significativa quiebra de empresas, tal como sucedió en Argentina con la convertibilidad, una suerte de dolarización minus... Así, las exportaciones se verían
obligadas a mejorar su competitividad despidiendo personal o reduciendo los salarios, así como forzando a cualquier costo la renta de la naturaleza, esto es con crecientes destrosos ambientales.
En suma, el esquema dolarizador ecuatoriano sólo podrá sobrevivir mientras se garantice el ingreso abundante de recursos externos provenientes de exportaciones primarias, particularmente petroleras (inestables e impredecibles), crecientes remisiones de emigrantes o si se logra mendigar el financiamiento externo necesario para mantenerla en vida, a través de una mayor deuda externa, a más de los coyunturales y magros ingresos provocados por las privatizaciones y por la inversión extranjera directa, que en el caso ecuatoriano no tendrán una trascendencia mayor. Recursos que, sin embargo, se verán estructuralmente amenazados por las crecientes importaciones y la pérdida de competitividad de las exportaciones. Por eso, incluso para cuando la inflación descienda a un solo dígito, el esquema dolarizador no garantizará un crecimiento económico sostenido y una expansión sustantiva del empleo. Pero eso sí se profundizará el esquema primario-exportador de acumulación, se consolidarán las tendencias desindustrializantes y se congelará la eterna genuflexión frente a los mercados foráneos.
Por eso, aún si se considera el potencial estabilizador de la dolarización para lograr una reducción de la inflación y ampliar la previsibilidad en las decisiones de inversión y consumo, no se puede obviar los múltiples costos sociales que conlleva y los graves riesgos que implica su rigidez para el aparato productivo. Con un esquema de apertura a ultranza y una rigidez cambiaria extrema la caída de la competitividad está programada; un fenómeno que ya se experimenta en algunos segmentos del aparato productivo. Y no es extraño que, en estas circunstancias, se esté procesando un recambio de actividades de ciertos empresarios: un creciente número de industriales ha optado por transformar sus empresas manufactureras en unidades importadoras, ciertos fabricantes han dejado de comprar materia prima en el interior para adquirirla en el exterior con el fin de mantener su posición en el mercado, más de un exportador se transforma en importador y otros han empezado a trasladar sus inversiones al exterior...
Por otro lado, la dolarización tampoco garantizará un equilibrio fiscal, pues el Presupuesto del Estado consolidará su posición como el campo de confrontación por excelencia, con lo cual las presiones políticas podrán reflejarse en nuevas inestabilidades fiscales. Y, como ya se manifestó antes, no será una sorpresa si el país, en poco tiempo, vuelve a un acelerado y continuado proceso de endeudamiento externo. Argentina es un buen ejemplo; aunque aquí cabrían ciertas diferencias: Argentina terminó el año 2001, en plena crisis, con una deuda pública interna y externa que no superó el 59% del PIB, Ecuador lo hizo solo para su deuda pública externa con un monto superior al 63% del PIB, y eso luego de haberla renegociado en el año 2000; en 2002 el proceso de endeudamiento registró nuevos incrementos, llegando su monto a casi 14,7 mil millones de dólares, de los cuales 3,4 mil millones corresponden a la deuda externa privada, la más alta de la historia. Sin embargo, a pesar de que se mantiene una tendencia alcista en el proceso de endeudamiento, sobre todo de los agentes privados, Ecuador por su elevado nivel de deuda y por su limitado peso específico en el concierto de las finanzas internacionales difícilmente será “el niño mimado” del mercado financiero internacional y de los organismos multilaterales de crédito como lo fue Argentina...
En estas circunstancias el Ecuador será lo que siempre ha sido. Un país productor de bienes primarios. El petróleo asoma como la principal fuente de divisas para paliar las tensiones que provocará un déficit comercial crónico en la cuenta de exportaciones e importaciones no petroleras. La desesperación por aumentar la oferta de dólares, conduce al Ecuador hacia una petrodolarización en la que los impactos ambientales aumentarán peligrosamente, al igual que las tensiones políticas, pues, en medio de la actual ola privatizadora, quien logre controlar directamente la riqueza petrolera se apoderará de hecho del poder del Estado, el cual aún manteniendo formalmente la apariencia democrática se volverá en la práctica más autoritario.

La dolarización es una bomba de tiempo...

No hay duda, la decisión final sobre la dolarización oficial plena en el Ecuador, que no ha resuelto el azote inflacionario y que ya ha transformado a esta economía en una de las más caras de la región andina, fue el resultado de decisiones y angustias políticas. No fue “impuesta por el pueblo ecuatoriano al gobierno”, como conclusión de un proceso de dolarización “espontánea”; no fue el anuncio de un nuevo modelo económico al margen del neoliberalismo y del mismo FMI; menos aún significa que el Ecuador dolarizado “ya tiene un pie en el primer mundo”, como afirman ostentosa e ingenuamente algunos de sus promotores. Este castramiento monetario fue, para decirlo descarnadamente, producto de la mediocridad de las élites gobernantes y el resultado directo de un ajuste estructural interminable, que incluyó como saldo de la liberalización financiera forzada por el FMI un salvataje bancario sostenido por una incesante devaluación y que incluyó un feriado bancario y un congelamiento de depósitos.
Mucha razón tuvo el economista brasileño Paulo Nogueira Batista Jr., cuando afirmó el 13 de enero del 2000, en la Fohla de Sao Paulo, a los pocos días de la adopción de esta medida improvisada, que “un gobierno de quinta categoría acaba de anunciar la intención, de cometer suicidio monetario y dolarizar la economía del país. Incapaz de enfrentar una seria crisis económica y amenazado de destitución, el presidente ecuatoriano, Jamil Mahuad, que visiblemente no tiene capacidad ni siquiera para ser el síndico de un edificio o presidente de una asociación de barrio, se desesperó y optó por humillar a su país, desistiendo de uno de los elementos centrales de soberanía”.

Y lo más grave
estaría por venir

En economía se puede hacer cualquier cosa, menos evitar las consecuencias, solía repetir John Maynard Keynes. Anclar el tipo de cambio puede ser recomendable por un tiempo, pero mantenerlo indefinidamente congelado, en medio de una economía internacional predominantemente flexible, termina por provocar explosiones como las que experimenta Argentina. No reconocer esta realidad raya en la torpeza o en la irresponsabilidad.
En este punto es interesante anotar que tan profundo ha calado la crisis argentina, que hasta en círculos empresariales ecuatorianos, hasta hace poco entusiastas promotores de la rigidez cambiaria, la pregunta que circula con insistencia es cuánto más durará la dolarización...
Esta realidad repercutirá más temprano que tarde en la sociedad ecuatoriana. Este país andino, que experimentó con un -7,3% la peor caída de su economía en 1999, como consecuencia de un largo proceso de ajuste estructural (desde 1982), presenta un escenario de empobrecimiento explosivo. Entre el año 1995 y el año 2000, el número de pobres creció de 3,9 a 9,1 millones, en términos porcentuales de 34% al 71%; la pobreza extrema dobló su número de 2,1 a 4,5 millones, el salto fue de 12% a un 31%. Lo anterior vino acompañado de una mayor concentración de la riqueza. Así, mientras en 1990 el 20% más pobre recibía el 4,6% de los ingresos, en el 2000 captaba menos de 2,5%; entre tanto el 20% más rico incrementó su participación del 52% a más del 61%.
Entonces, si la rigidez cambiaria es intrínsecamente insostenible, sobre todo en un ambiente internacional de tipos de cambio flexibles, no cabe sentarse a especular simplemente sobre la duración de la dolarización. La receta para un fracaso programado se completa con una amplia apertura comercial y un muy bajo nivel de competitividad. En la revista ecuatoriana Gestion de febrero del presente año, cercana a círculos empresariales y bancarios, se pregunta “¿es la dolarización una bomba de tiempo? La respuesta, lamentablemente es sí”.
Por tanto, a la sociedad ecuatoriana le urge preparar y procesar una salida ordenada de la trampa cambiaria, sin creer que con eso se van a resolver todos los problemas. Sería una irresponsabilidad histórica esperar a que explote la dolarización, para recién entonces intentar salvar desesperadamente los restos del aparato productivo y tratar de pacificar a un país en llamas, como sucede en la Argentina, cuyos esfuerzos por salir de la convertibilidad podrían ser aleccionadores para discutir las posibles alternativas que eviten los destrozos de una crisis anunciada.
El asunto, visto desde una perspectiva integral del desarrollo de los países latinoamericanos, teniendo a Ecuador como modelo de lo que NO se debe hacer, no se reduce, entonces, a una simple resolución del tema monetario y cambiario. ¡Dolarizar o no dolarizar, esa no es la cuestión!

Nuevas coaliciones sociopolíticas a raíz
de la dolarización

Para comprender de mejor manera la metamorfosis económica y social provocada por la dolarización, habría que analizar la conformación de los bloques a favor y en contra de este esquema monetario y por cierto del modelo. Hay que identificar a perdedores y ganadores. Esto implica ubicar especialmente a aquellos segmentos que difícilmente puedan dar un salto cualitativo en términos de competitividad, pues, como es obvio, ésta se construye pausada y sacrificadamente, no se improvisa.
En la lista de ganadores asoman muy bien posicionados los importadores (a la cabeza los contrabandistas). Otros beneficiarios son el negocio inmobiliario de alta plusvalía y la construcción de vivienda para clase media, por la posibilidad de realizar operaciones financieras con plazos más largos; el gran comercio con capacidad para crear también sistemas de financiamiento con plazos relativamente extensos para sus clientes; parte de la industria mayor, protegida de alguna manera por el Estado, que pueda mantener su competitividad en mercados externos en base a importaciones de insumos y piezas, utilizando poca mano de obra y no muy cara: ensamblaje (¿sector automotor?); la banca, especialmente la transnacional que podría afincarse en este país; y, las empresas de servicios, particularmente las de teléfonos y electricidad, a las cuales se les quiere privatizar con precios muy bajos y con tarifas más altas que las del mercado internacional. Los grupos de clase media que se mantengan como tales, esto es vinculados a los sectores ganadores, podrán sacar alguna ventaja de esta nueva situación económica en un ambiente atractivo para el consumo, en particular de aquellos bienes susceptibles de ser comercializados vía crédito, por supuesto accesibles sólo para quienes tienen ingresos suficientes como para atender su repago.
Mientras que los perdedores están en gran parte en el lado de los productores de bienes transables; en aquellos segmentos del sector exportador que no logren mejorar su competitividad en base a una mayor explotación de la naturaleza y de la mano de obra, o que no tengan capacidad de reacción frente a los choques externos; en el comercio mediano y pequeño, en especial el tradicional; en un enorme sector de industrias medianas y pequeñas, que resulten incompetentes ante el ingreso de bienes importados o aún por una disminución de la demanda de importantes capas de la población o por la consolidación de las grandes cadenas comerciales; en el turismo de clase media sobre todo de aquel orientado a atender la demanda de Colombia y Perú por el incremento del costo de la vida en el Ecuador; en los asalariados y especialmente en los jubilados.


O professor equatoriano Alberto Acosta é economista pela Universidade de Colônia, Alemanha, membro do Fórum Equador Alternativo, consultor internacional, assessor de organizaçõess indígenas e sociais. Endereço eletrônico: alacosta@hoy.net ealacosta48@yahoo.com

 

 
   
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