Crisis, partidos políticos y sindicatos en Argentina
(Entrevista a Eduardo Galeano, por Jaime Aviles para La Jornada)
Analizar la crítica situación argentina, la falta de representatividad de los partidos políticos tradicionales, la pauperización de más de la mitad de los habitantes de nuestro país, la descarnada imagen de chicos comiendo gatos o caballos en una Argentina que produce alimentos para más de 300 millones de personas, nos lleva inevitablemente a repensar el modelo político vigente en los últimos 25 años.
El neoliberalismo como doctrina fracasó, entre otras cosas, por que fracasaron sus alumnos más obedientes. Los ejemplos mundiales de las políticas de «ajuste estructural, privatización y desregulación de la economía»: como Argentina, Ecuador, Perú y ahora Uruguay, así lo demuestran. Hoy comienzan a aceptar que estas políticas impulsadas desde los organismos internacionales (FMI, BID, Banco Mundial, etc.) no hicieron más que profundizar las desigualdades entre los más ricos y los más pobres. El Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz (ex vicepresidente del Banco Mundial) decía respecto a esto «Las políticas de ajuste estructural del FMI — diseñadas para ayudar a un país a ajustarse ante crisis y desequilibrios más permanentes — produjeron hambre y disturbios en muchos lugares, e incluso cuando los resultados no fueron tan deplorables y consiguieron a duras penas algo de crecimiento durante un tiempo, muchas veces los beneficios se repartieron desproporcionadamente a favor de los más pudientes, mientras que los más pobres en ocasiones se hundían aún más en la miseria.»
Durante años el modelo argentino era discutido en los distintos foros económicos como el modelo a seguir. El crecimiento anual sostenido, la llegada másiva de capitales de la mano de la venta de las principales empresas públicas, el fuerte crecimiento del sector financiero internacional vía la compra a precio de remate de la banca pública, nacional y cooperativa, fueron algunos de los elementos que se mostraban en cuanta discusión había, sobre como se debía «construir el nuevo capitalismo» en la región.
La imposición de este modelo que generó la crisis más importante de los últimos 100 años en la Argentina, tuvo como corresponsables a una clase política servil y corrupta que siempre estuvo dispuesta a venderse a quien estuviera dispuesta a comprarlos, pero también tuvo como contrapartida un modelo sindical, burocrático y no menos corrupto, que no solo que se benefició del modelo a nivel del enriquecimiento ilícito de sus dirigentes, sino que fué cómplice de las privatizaciones, los despidos másivos, el cierre de fábricas, etc, etc.
La CGT y el peronismo
El sindicalismo argentino organizado alrededor de la Confederación General del Trabajo (CGT), a diferencia de los sindicatos y centrales sindicales de otros países que estuvieron vinculados a los partidos comunistas, socialistas e incluso anarquistas, fué desde mediados de los años cuarenta, la «columna vertebral» del partido Justicialista conducido en vida por el Gral. Juan Perón, esto generó que la dependencia partidaria de los sindicatos fuera cada vez mayor, y que las decisiones de estos tuvieran que ver más con cuestiones internas del peronismo, que con las propias necesidades de los trabajadores.
El fuerte movimiento obrero argentino reconocido por sus logros y sus luchas, fué vaciado de contenido por una elite burócrata, en los últimos 25 años, que supo mantenerse a la cabeza de los sindicatos de la CGT vía diversas alianzas con el poder político de turno, fuera este encabezado por gobiernos militares o «democráticos».
Los distintos intentos de construcción de un sindicalismo combativo como fué la «CGT de los Argentinos» en los años 70s, fueron atacados por esta burocracia sindical, como por los gobiernos de turno que se encargaban de proscribir, perseguir e incluso aniquilar a los principales cuadros de esta corriente, recordemos el periodo de 1975/76 de López Rega y las triple A, así como el nefasto periodo de la dictadura genocida de 1976/83 que desapareció, asesinó y encarceló a todos los dirigentes y activistas sindicales comprometidos.
Con la vuelta de la democracia el sindicalismo agrupado en la CGT supo conducir luchas importantes en tanto no estaba en juego su identidad peronista, así el Gobierno del radical Raúl Alfonsin (1983/1989) tuvo que soportar 13 paros generales que paralizar la argentina y lograron frenar en parte el embate de una política que años después (con el menemismo) habría de consolidarse. En 1989 con la asunción del presidente de origen Justicialista Carlos Menem, la situación seria otra. Este “caudillo provincial” llega al poder en alianza con sectores sindicales y populares, con un programa de tinte nacionalista y populista, al llegar al gobierno borra con el codo lo que escribió con la mano y decide entablar alianzas con sectores del capital financiero y los sectores más concentrados de la industria.
Con la asunción del “Superministro” estrella de Economía durante el menemato, Domingo Cavallo, se consolida la implementación de las clásicas medidas fondomonetaristas: el plan de convertibilidad monetaria, las privatizaciones másivas de las empresas públicas, la apertura indiscriminada, el increíble endeudamiento externo que paso de 46.000 a 120.000 millones de dólares, hacen de la Argentina un modelo a imitar con por el FMI, con tasas de crecimiento anual de más del 5%, sin embargo estas medidas impactan en el aparato productivo de una singular manera, generando el quebranto de cientos de fábricas y miles de pequeñas y medianas empresas desaparecen, los trabajadores sufren un retroceso nunca visto en términos de empleo aumentando drásticamente los niveles de desocupación que se triplican en menos de una década (del 6% en 1988 a el 18% de 1998) en la actualidad la cifra supera el 23%.
La CGT aliada al presidente Menem hizo lo posible por facilitarle sus planes... ferrocarriles, petróleo, aerolíneas, comunicaciones, transporte, etc., fueron algunas de las áreas que fueron privatizadas con el despido de decenas de miles de trabajadores y la prácticamente ausente respuesta o resistencia gremial. Frente a esta complicidad desde distintos rincones del país se comenzaba a gestar, al comienzo tímidamente, un nuevo modelo sindical.
El nuevo sindicalismo argentino
“Instrúyanse, porque necesitaremos toda
nuestra inteligencia...
Conmuévanse, porque necesitaremos todo
nuestro entusiasmo..
y Organícense, porque necesitaremos de toda nuestra fuerza”
(A.Gramsci)
La CTA constituida en principio como el Congreso de los Trabajadores Argentinos y posteriormente como la Central de Trabajadores Argentinos, intentó de la mano de Víctor de Genaro, recuperar las banderas de lucha que la CGT oficialista había arriado.
En el interior del país, las crisis de las economías regionales permitían visualizar una línea de nuevos liderazgos nacidos del corazón de la clase trabajadora. En el Noroeste Argentino hacia 1991, Carlos «Perro» Santillán, se erigía como un referente del sindicalismo clasista. Obrero municipal, sobreviviente de la dictadura militar, se diferenciaba de sus homónimos de la CGT por una ética y una voluntad de lucha que se contraponía a los «sindicalistas ricos» de la CGT. Esta vertiente del movimiento obrero conducida por Santillán confluyo hacia fines de 1994 en la conformación de la Corriente Clasista y Combativa (CCC).
Estos dos agrupamientos CTA y CCC supieron coordinar medidas y un planteo de «unidad en la Acción» que en repetidas oportunidades permitió poblar las calles con la protesta, la lucha y el reclamo de mejores condiciones para los trabajadores. Una vertiente disidente de la CGT, el Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA), conducido por el camionero Hugo Moyano, osciló entre posturas críticas y negociaciones conciliadoras con los gobiernos de turno, lo que les valió la desconfianza de distintos sectores de los trabajadores.
Queda por describir el nuevo fenómeno de los movimientos de trabajadores desocupados. Hacia 1996 estalla en Cutral Co, un enclave petrolero en la provincia de Neuquen, la lucha de los trabajadores desocupados, lucha que a partir de allí se haría visible a lo ancho y largo de la Argentina.
Tartagal (en la Provincia de Salta), Libertador Gral. San Martín (en la Provincia de Jujuy), La Matanza (en Buenos Aires) son algunos de los lugares en donde irrumpieron a la lucha los trabajadores desocupados y decenas de nuevas organizaciones, «Los Movimientos de Trabajadores Desocupados» (MTD) como la coordinadora Aníbal Verón, Teresa Rodríguez, el Polo Obrero, el Movimiento Sin Trabajo, etc., además de los agrupamientos de trabajadores desocupados de la CTA y la CCC, constituyen un mosaico de organizaciones que están tratando de construir un contra-poder popular que les permita oponer resistencia, a las políticas de entrega del actual modelo de exclusión que expulsa a más del 70% de los trabajadores a la pobreza.
El movimiento obrero en crisis está pariendo de sus entrañas las nuevas formas de lucha de la mano de nuevos liderazgos, que como dice el Sociólogo estadounidense James Petras, «van acumulando experiencia práctica de la mano de acciones directas, continuas, que amplían sus bases y su capacidad de organización. De esta manera los líderes tienden a tener más confianza en si mismo y son menos dependientes de los políticos electoralistas. Se comienza a ver que hay consenso y una común compresión con respecto a quien es el enemigo, la naturaleza del poder y el impacto del Banco Mundial y el FMI sobre la vida cotidiana del pueblo « .
El reciente Paro del 29 de Mayo, en Argentina, permitió observar como se vertebraban alianzas horizontales entre la CTA, la CCC, los estudiantes, sectores del Campo y los distintos Movimientos de Trabajadores de Desocupados. Esta «unidad en la acción», permitió garantizar el éxito de la medida de fuerza al paralizar las rutas del país con más de 1000 piquetes en todo el país dejando en evidencia la complicidad y anacronismo de la CGT que no solo que no se sumó a la protesta, sino que quedó ligada al patético gobierno de turno.
Desde los distintos sectores se escucha una clara consigna «Unidad». Romper la atomización y encontrar caminos para esta unidad, entre los distintos sectores en lucha, parece constituir hoy la prioridad.
Queda claro que la búsqueda de las respuestas que permitan mejorar las condiciones de vida de la maltratada clase trabajadora argentina esta en manos, hoy más que nunca, de los mismos trabajadores y sus organizaciones, y no en la de los políticos que siguen tratando de someterse a las imposiciones fondomonetaristas, que ya demostraron claramente su fracaso.
El desafío para esta nueva construcción popular ya esta planteado y los primeros pasos, ya están dados.
La situación social en Argentina
La gravedad de la situación queda en evidencia al analizar las cifras de la crisis. En la Argentina hay 18.219.000 pobres, un poco más de la mitad – el 51,4% – de la población. De ese total, 7.777.000 son indigentes. Las cifras son oficiales del Siempro (Sistema de Información, Monitoreo y Evaluación de Programas Sociales), un organismo que depende de la Presidencia de la Nación.
Del total de pobres 8.319.000 son chicos y adolescentes: ahora, 2 de cada 3 tres menores, o el 66,6% de niños y jóvenes de menos de 18 años, vive en hogares pobres. El informe de Siempro puntualiza que los 18,2 millones de pobres viven en 4.050.000 de hogares, de los cuales en 3.045.000 viviendas hay chicos menores de 18 años.
El Indec (Instituto Nacional de Estadísticas) considera pobre a las familias – matrimonio y dos hijos – que ganan menos de 626 pesos por mes (algo más de 160 dólares).
Así desde enero y en apenas 5 meses, la pobreza aumentó en 3.813.000 personas, a razón de 762.000 nuevos pobres por mes o 25.000 nuevos pobres por día. Y con relación a 1998, cuando comenzó la recesión, hay 7 millones de nuevos pobres. Un poco más de la mitad se generaron entre enero y mayo últimos.
La pobreza es un fenómeno en ascenso desde 1994, y pegó un espectacular salto desde 1998 en adelante para trepar con aún mayor fuerza en los últimos meses. Y es por la combinación de tres factores: la suba de precios, en especial de los alimentos, el aumento del desempleo, y el congelamiento de los salarios.
Gabriel Ariel Ogando é diretor da Fundação Wayruro, centro de pesquisas, cultura popular e desenvolvimento, e da revista de comunicação popular Wayruro, produtor Independente de vídeo, Província de Jujuy, Argentina.
Artigo publicado em www.rebelion.org
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