Contra el terrorismo y contra la guerra
Marta Harnecker
Quando todavía tenía presentes en mí las imágenes transmitidas por el noticiero cubano de televisión de la Moneda en llamas, producto del bombardeo de la aviación golpista a la casa presidencial que albergaba a Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, aparecieron otras imágenes de edificios en llamas, esta vez las torres gemelas desmoronándose, luego del ataque terrorista suicida. Estados Unidos, cuyo gobierno había alentado el golpe militar en Chile, era objeto del primer ataque contemporáneo en su propio territorio, y no de un ataque cualquiera, sino de uno muy bien dirigido que tenía como objetivo destruir los símbolos del poder financiero, político y militar del imperio más poderoso del mundo.
Gracias al control de los medios y a la manipulación de la información, las imágenes de golpe militar en Chile pasarán al olvido, mientras quedaran grabadas para siempre en la memoria de millones de espectadores en todo el mundo las imágenes de este audaz e inesperado atentado.
El repudiable acto terrorista que costó miles de vidas inocentes, entre las que se contaban cientos de latinomericanos que allí trabajaban, vino como anillo al dedo al gobierno estadounidense para explotar el crimen y reducir al silencio tanto a los que desde dentro como desde fuera se oponen a sus ambiciones imperiales.1
Mediante una hábil campaña mediática, se creó una verdadera psicosis colectiva que debía preparar el terreno para una gran "cruzada" mundial contra el terrorismo .
Era necesario crear condiciones para que tanto los países del Sur como los del Norte aceptasen como algo natural hechos que en otras circunstancias serían repudiados. Por una parte, la acentuación de los procesos de control policial de los ciudadanos, indispensables para mantener el orden mundial dominante2 crecientemente amenazado por una resistencia popular en ascenso. Por otra, una guerra absolutamente desigual, llevada a cabo por la más poderosa potencias militar mundial y, apoyada por aliados cada vez más numerosos, contra un país pobre, sometidos a sequías desvastadoras, sin industrias, cuyos habitantes practican todavía la agricultura de subsistencia, destruido por 20 años de guerras intestinas.3 El pretexto: albergar a Osama Bin Laden, supuesto autor intelectual de los atentados del 11 de septiembre.
Ya en los años 30, una hábil campaña mediática logró transformar a un pueblo austero en un empedernido consumidor4 , hoy se trata de transformar a un pueblo de tradiciones democráticas y cuyos grupos sociales más progresistas sienten un instintivo repudio a la guerra, en un pueblo que acepte mecanismos de control policial extremos, y vea con regocijo cómo se vengan sus muertos en una guerra cuya víctima fundamental es un pueblo entero.
Un Frente Único contra el terrorismo
Cuando el gobierno estadounidense plantea crear un frente único contra el terrorismo, lo que tiene en la mira no son las organizaciones y grupos terroristas que existen en diversos países -muchos de ellos infiltrados y en algunos casos hasta financiados por los servicios de inteligencia estadounidenses, como lo fuera el propio Bin Laden -, sino destrozar e intimidar al movimiento que se opone a la actual globalización capitalista, que ha ido creciendo en proporción geométricas desde Seattle.
Ha nacido - como dice Samir Amin - un nuevo macartismo. Este pretende satanizar toda oposición a los dictados del capital dominante en nombre de la ‘seguridad interior' y de la ‘guerra contra el terrorismo'5 y satanizarla de una manera continua, permanente.6 Se trata, como dice Chesnais, de crear una nueva Santa Alianza contrarrevolucionaria mundial.7
En nombre de la seguridad se plantean restricciones a las libertades y garantías constitucionales a las cuales los ciudadanos estadounidenses otorgan mucha importancia: se podrá controlar la correspondencia y las llamadas telefónicas; no hay que asombrarse si una persona es vigilada como si fuera un sospechoso, sobretodo si tiene algún rasgo oriental o se ha pronunciado públicamente contra la actual política del gobierno de los Estados Unidos. Se ha llegado al extremo de recomendar que todos se transformen en colaboradores de la policía para denunciar cualquier individuo sospechoso. Existe una severa censura que selecciona lo que el público debe o no saber de la guerra [...] Sólo se difunden "imágenes autorizadas".8
Todas estas son medidas que revelan que en este país se está poniendo en práctica lo que Henri Alleg denomina un fascismo a la americana9 , cuyo objetivo es preparar al país para aceptar, no solamente la guerra actual contra Afganistán, sino todas las otras imaginadas por Bush y los suyos para un futuro próximo. El castigo infligido a aquel país y la reciente imposición de un gobierno fantoche, luego de dos meses de salvajes bombardeos a sus principales ciudades, algunas de ellas reliquias culturales de la humanidad, y que ha dejado mucho más víctimas civiles que los atentados en territorio estadounidense, son el primer paso de una ambiciosa estrategia de dominación universal y perpetua que, por su dinámica, apunta a la militarización de la tierra, o - como dice Miguel Urbano Rodrigues - a una dictadura militar atípica ejercida por Estados Unidos sobre la totalidad del planeta, a la que califica de neofascista.10
¿Acaso el denominador común de todos los fascismos no ha sido un nacionalismo irracional y agresivo, con un componente racista, la tentativa de imponer una contracultura y la creación de aparatos de represión tipo Gestapo?11
Esta policía política pasa a ser un Estado dentro del Estado [...], está autorizada a investigar en todo el territorio nacional cualquier actividad ‘peligrosa' para el Estado, quedando exenta de toda posible inspección de sus actividades por parte de tribunales normales y depende directa y exclusivamente del jefe del Estado.
Basta con esgrimir el principio indeterminado, arbitrario y pervertible de la "prevención" para que no haya límites ante la pretensión totalitaria de vigilar, perseguir y aniquilar cualquier tipo de enemigo potencial.12
Es sintomático que la Unión Europea haya atendido el pedido de Bush de que todos los países aliados a Estados Unidos elaboren listas de organizaciones ‘terroristas' en su propio territorio, prohiban el apoyo a dichas organizaciones, refuercen el aparato policial y judicial mediante medidas represivas como la detención preventiva sin límite de tiempo. El gobierno británico ha sido el primero en presentar un proyecto de combate al terrorismo eneste sentido, que contradice explícitamente el artículo 5 de la Convención Europea de Derechos Humanos.13 Ese mismo día Bush firmaba una orden militar que permitía "el juicio de supuestos terroristas, de nacionalidad extranjera, por una corte militar especial y no por jurisdicciones civiles". Los argumentos de la acusación podrán permanecer secretos, los acusados no podrán acogerse a ningún recurso y, como escribe el New York Times, "los derechos de la defensa serán severamente limitados.14 .
En este contexto, Afganistán debe ser visto sólo como el primer capítulo de una guerra sin cuartel contra el terrorismo, es decir, contra lo que Estados Unidos considere un "enemigo potencial". Las mismas bombas de 7 toneladas que destruyeron las ciudades afganas pueden mañana explotar en las selvas de Colombia.15 ¿Acaso los grupos guerrilleros colombianos (Farc - EP y ELN) no formaron parte de un primer listado de grupos terroristas parecido en los primeros días de iniciarse la campaña?
Una guerra PREVIAMENTE planificada y con objetivos muy precisos
Hay muchos elementos que hacen sospechar que la guerra declarada como reacción a los atentados del 11 de septiembre es una guerra que venía preparándose de mucho antes. Entre ellos el testimonio de Niaz Naïk, ex canciller Pakistaní, y quien sostiene que ya a fines de julio fue informado por funcionarios estadounidenses que existiría un plan de ese país para lanzar una acción militar a realizarse a más tardar a mediados de octubre para derrocar al gobierno talibán y colocar allí un gobierno de afganos más moderado.16
Con el pretexto de los atentados o sin él, lo cierto es que esta guerra sin límites permite crear las condiciones para que Estados Unidos pueda lograr objetivos altamente acariciados desde hace ya varios años.
Entre estos objetivos se señalan los siguientes:
- El control del petróleo y gas de Asia Central y las rutas que permiten exportar sus enormes reservas, siendo Afganistán uno de los corredores estratégicos en este sentido
- Imponer su presencia militar en la frontera Sur de la Rusia asiática para impedir que en este continente surja un bloque hostil. El control de Euroasia es clave según Brezinski para la política extranjera estadounidense: allí vive el 75% de la población mundial y se encuentra el 60% de las riquezas económicas y naturales.17 De esta manera se consigue impedir el surgimiento de una alianza anti hegemónica China-Rusia y su acercamiento al mundo musulmán. De hecho ya se había esbozado el grupo de Shanghai que reunía a China, Rusia y a cuatro repúblicas de Asia Central: Kazakistan, Tajikistan, Kirghizistan y Uzbekistan y cuyos propósitos eran la cooperación contra el terrorismo islámico y la colaboración económica.18 Nuevamente aquí Afganistán, situado en el centro de Asia, puede servir de base para futuras acciones contra Rusia, Irán o China.
- Militarizar la economía estadounidense para paliar la crisis recesiva en había caído el país y que ya no se podía ocultar más. Con ello se perseguía reemplazar la demanda de consumo privado en claro descenso por demandas públicas de armamentos y sus derivados, lo que engloba a grandes transnacionales, empresas de alta tecnología.
Un frente MUNDIAL contra la guerra y la INJUSTICIA social
El terrorismo no podrá ser eliminado creando un frente unido contra el terrorismo, como trata de imponer a rajatabla el gobierno de Estados Unidos, país que por lo demás ha fomentado durante décadas y donde ha podido esta forma de accionar, cuando sus intereses geopolíticos han estado en juego. Lo único que podrá acabar para siempre con el terrorismo será la eliminación de sus causas y por ello sería más coherente lo que propone Samir Amin: un frente único contra la injusticia internacional y social que, de concretarse, pudiera tornar inútiles, y, por lo mismo imposibles, los actos desesperados de las víctimas del sistema.19
Si Marx sostuvo que la violencia era la partera de la historia, no fue porque él fuese partidario de la violencia, constataba simplemente la dinámica de las sociedades cuyos pueblos eran sometidos a la explotación y opresión. Si sectores de la izquierda, formados en sus análisis, han debido recurrir a las armas no ha sido porque amen la guerra, sino porque se han visto obligados por las circunstancias a empuñarlas cuando luchaban pacíficamente por cambios sociales que permitiesen resolver los problemas de explotación, opresión o liberación nacional.
Este frente internacional contra la injusticia y contra la guerra podría reunir a militantes del Sur y del Norte con objetivos precisos: intentar impedir las guerras en preparación y desenmascarar las campañas que pretenden satanizar calificando de terroristas, tanto a los movimientos de liberación nacional y de combate contra la explotación y la miseria en el Tercer Mundo, como a los movimientos antiglobalización en los países del Norte.20
Un gran frente que se construya en la base, que sea capaz de aglutinar a sectores crecientes de la población a través de un lenguaje sencillo y concreto; que sepa unir el combate a la guerra y las preocupaciones cotidianas de la gente, que son necesariamente diferentes en las diversas realidades nacionales; el entusiasmo de los jóvenes con la experiencia de las generaciones precedentes.21
Notas
1. Henri Alleg, Entretien sur les attentats aux États-Unis et la guerre en Afganistán en: L'empire en guerre. Le monde après le 11 septembre..., Les Temps des Cerises, Paris, noviembre, 2001, p.125.
2. Georges Labica, Mots de septembre en: L'empire en guerre. Le monde après le 11 septembre...., op.cit. p.11
3. Miguel Urbano Rodrigues, O terrorismo de estado norteamericano e o perigo da dictadura militar planetaria, ponencia preparada para el Seminario Internacional "No a la guerra imperiaslista y a la amenaza neofascista", durante el II Foro Social Mundial, Porto Alegre, 2 de febrero 2002.
4. Marta Harnecker, La izquierda en el umbral del Siglo XXI. Haciendo posible lo imposible, Siglo XXI España, Madrid, 3ª.ed. 2000, pp. 181-182.
5. Samir Amin, Les attentats du 11 septembre, en: L'empire en: guerre Le monde après le 11 septembre...., op.cit. p.49
6. Op.cit. p.51
7. François Chesnais, Nous sommes en face de deuz ennemis, nous devons reconstruire une perspective internacionaliste, Op.cit p. 161.
8. . Henri Alleg , Entretien sur les attentats aux États-Unis et la guerre en Afghanistán, op.cit. p.126.
9. Ibidem.
10. Miguel Urbano Rodrigues, O terrorismo de estado norteamericano e o perigo da dictadura militar planetaria, op.cit
11..Op.cit
12. Marta Harnecker, Fascismo y dependencia en: América Latina y fascismo (ago 1977), separata de Chile Informativo 123-124, Boletín Oficial de la Secretaría Ejecutiva para América de Solidaridad con el Pueblo Chileno, Comité Chileno de Solidaridad, La Habana Cuba y Casa Chile en México, pp.13-14.
13. Michel Collon, La guerre global a comencé en: L'empire en guerre. Le monde après le 11 septembre...., op.cit. p.229.
14. New York Times, 14 noviembre 2001, citado por Michel Collon, op.cit. p.229.
15. Miguel Urbano Rodríguez, op.cit.
16. BBC, 18 de septiembre 2001, citado por Michel Collon, La guerre global a comencé en: L'empire en guerre Le monde après le 11 septembre...., op.cit. p.212
17. Op.cit. p.215.
18. Op.cit.p.217.
19. Samir Amin, Les attentats du 11 septembre,op.cit. p.49
20. Michel Collin, op.cit. p.234.
21. Ibidem.
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